La teoría de todas las cosas

14 de noviembre de 2007
Nombre: La teoría de todas las cosas
Autor: Lautreamont
Sección: Variettes
Fecha: miércoles, 14 de noviembre de 2007
Comentarios: 9 comentarios

Decí­a Einstein que Dios no juega a los dados. Tal era su forma de defender la existencia de una única fórmula que explicara el funcionamiento del universo de manera global, y no usando unas leyes fí­sicas para los sistemas a pequeña escala (mesoscópicos / atómicos) y otras para los sistemas a mayor escala (macroscópicos).

Y es que, pocos años después de publicar su Teorí­a de la Relatividad General, las bases de dicha teorí­a temblarí­an ante la promulgación del Principio de Incertidumbre por parte de Heisenberg, mediante el cual, se deducí­a la imposibilidad de efectuar mediciones simultáneas de la posición y velocidad de una partí­cula con precisión infinita. Es decir, el universo a nivel cuántico se comportarí­a de manera virtualmente impredecible y, por lo tanto, no estarí­a sujeto a la fí­sica/mecánica clásica en la que dicha posición y velocidad se podrí­a hayar mediante un cálculo de trayectorias. Así­, esta nueva lógica, la Mecánica Cuántica, tan sólo podrí­a predecir las distintas posibilidades que dicha posición y velocidad podrí­an tener en ese plano subatómico o universo cuántico. En definitiva, la Ley de la Relatividad General de Einstein sólo serí­a válida en sistemas en los cuales los efectos cuánticos no fueran relevantes. O dicho de otra manera, su teorí­a ya no era tan general.

Como decí­a al principio, Einstein renegó de la mecánica cuántica, y se obsesionó en la búsqueda de una teorí­a que unificara la fuerza gravitacional y la fuerza electromagnética, ampliando la genial unificación de electricidad y magnetismo formulada previamente por Maxwell. Sin embargo, anclado en su creencia, no contempló los avances de la mecánica cuántica en sus estudios. Algo que, a la postre, le distanciarí­a definitivamente de la ciencia más vanguardista de su época y de la que él mismo habí­a sido estandarte unos años atrás. Al final, el ocaso de sus dí­as llegó antes que una respuesta para su búsqueda… quimérica, paradigmática y un tanto quijotesca.

Hoy, 52 años después de su muerte en 1957, la teorí­a unificadora que buscaba Einstein empieza a cobrar sentido precisamente de la mano de una teorí­a desarrollada por la rama cientí­fica que el propio Einstein desdeñó: la mecánica cuántica. Dicha teorí­a es La Teorí­a de Cuerdas, candidata principal a unificar las cuatro fuerzas fundamentales de la naturaleza: la fuerza gravitacional, la fuerza electromagnética y las fuerzas de interacción fuerte y débil.

En fin, un teorí­a para la esperanza de comprender el universo en toda su dimensión: una teorí­a de todas las cosas. Una herramienta con la que interpretar un universo cuya mecánica es de momento incomprensible para nosotros. Ante él, somos poco más que monos golpeando un reloj, incapaces de comprender por qué se mueven sus manecillas.

Pero, no nos pongamos dramáticos. Porque, aunque no entendamos el sentido de nada, al menos sí­ tenemos la oportunidad de disfrutar de un espectáculo majestuoso que sube el telón cada dí­a para nosotros. Un teatro mágico iluminado por los focos de un millón de estrellas y un asiento en primera fila para la mejor función que nadie pudo jamás imaginar: nuestras vidas.

Universo Elegante (en inglés):
http://www.pbs.org/wgbh/nova/elegant/program.html

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